Extraída del Observatorio de Medios Chileno FUCATEL

miércoles, 19 de mayo de 2010

¡QUEMEMOS LA TELEVISIÓN!

La televisión se ha convertido en un medio de comunicación esencial para el día a día del ser humano. Tras una larga evolución su uso cada vez se acentúa más. La televisión no es sólo tomada como un simple medio de comunicación, es algo más. Necesitamos ese ruido constante de fondo que nada más llegar a casa nos apetece “escuchar”. Este uso a veces irresponsable también atañe a la juventud más temprana, los niños. Estableciendo grandes cuestiones que en ningún caso deben ser obviadas.

La televisión es algo que directamente no debería existir. Parece una medida muy tajante, radical,... o fuerte, pero si recapacitamos sobre la influencia que realmente tiene sobre los niños es, literalmente, para echarse las manos a la cabeza. Normalmente suelen pasar demasiadas horas delante del televisor. Una pantalla en cuyo interior se cobijan miles de situaciones, momentos y circunstancias en su gran mayoría inadecuadas para los niños. Inadecuadas, en cierto modo, porque no existe una persona que le guíe, que le ayude a reflexionar, sobre lo que está viendo.

Quizás la televisión complementada con la familia puede ser un gran recurso educativo. Pero el problema es que la familia no está. Se ha evaporado como el agua de un arroyo en verano. Parece que la responsabilidad y los valores que deben y tienen que transmitir se hayan perdido en esa “evaporación”. Y sin ese apoyo fundamental de la familia el niño no puede ver la televisión, pues aún no cuenta con ese espíritu crítico que en un hipotético futuro desarrollará.
En consecuencia, SI NO HAY FAMILIA, ¡QUEMEMOS LA TELEVISIÓN!.

Sandra Polo.

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